El expreso perfecto
El aroma de un expreso perfecto, es decir la intensa sensación percibida con el olfato, debe ser equilibrado y lleno, intenso y rico en toques de flores, fruta, chocolate y pan tostado (tal y como especifica el Istituto Nazionale Espresso Italiano).
A la vista, la crema aparece consistente y con una finísima textura, de color avellana tendiendo al marrón oscuro, avivado por reflejos leonados, y su persistencia aproximada es de 3-4 minutos.
Al probarlo, el cuerpo del expreso indica la sensación de densidad: si la extracción es perfecta, el cuerpo es denso, redondo y lleno. Se habla también de flavour para describir justo esto, la riqueza y densidad del gusto.
En última instancia, es precisamente el gusto lo que determina la calidad del producto: un gusto armonioso y persistente en el paladar, aterciopelado, amargo en su justa medida y nunca astringente.
Para obtener esta maravillosa combinación sensorial son fundamentales: una mezcla de calidad, una molienda y dosificación correctas del café, una máquina de café expreso de excelencia, el mantenimiento del equipamiento y la mano y la experiencia del barista.